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Título: El jardín extranjero (Precedido de poemas de "Tristia")
Autor: Luis García Montero
Año de publicación: 1999 2ª Ed.
Lugar:
Editorial: Hiperión
Ediciones:
El jardín extranjero (Precedido de poemas de “Tristia”)

El jardín extranjero (Precedido de poemas de “Tristia”)

04 Mayo 2009

Sonata Triste Para La Luna De Granada

A Marga

“Le ciel est par-dessus le toit.”

Paul Verlaine

Esta ciudad me mira con tus ojos,

parpadea,

porque ahora después de tanto tiempo

veo otra vez el piano que sale de Ia casa

y me Ilega de forma diferente,

huyendo del saión,

abordando Ias calles

de esta ciudad antigua y tan hermosa,

que sigue solitaria como tu Ia dejaste,

cargando con sus plazas,

entre el cauce perdido del anheio

y al abrigo del mar.

Si estuvieras aquí

nada hubiese cambiado sino el tiempo,

el cadáver extrafío de sus rios

que siguen sumergidos

como tu los dejaste.

Ahora

siento otra vez mi cuerpo poblarse de veletas

y lo veo entendido

sobre generaciones de ventanas antiguas

mientras Ia noche avanza solitaria y perfecta.

Somos de una ciudad

cargada de paciência,

que no conoce el suefio de los invernaderos,

ni ha vivido Ia extraña presencia del amor.

Como pequenas verias

los comercios esperan para abrirse mañana

y el desco no existe

más alla de Ia luna de los escaparates.

Hemos soñado ya todos los sueños,

hemos vivido aqui

donde Ia historia olvida sus raíles vacíos,

donde Ia paz es negra y se recoge

entre plazas cerradas,

sobre tabernas viejas,

bajo el borde morado del misterio.

Alguna vez soñamos

con un mundo distinto:

era cuando el imperio perdido del azúcar

y llegaban viajeros

al olor de Ia industrial

Las calles se Ilenaron de motores rugientes

y Ia frivolidad

como una enredadera brillante por los ojos

nos ofreció de pronto

templada carne, lámparas de araña.

Parece que os recuerdo

abrasados ai mundo entre trajes de hilo,

entre Ia piel hermosa de una época

que nos dejó sus árboles,

el corazón grabado

sobre Ias pitilleras, y su dedicatoria

en Ias fotografias.

Abora

cuando el destino ya no es una excusa

sino Ia soledade,

y los cieios están bajo el tejado

corno tu los dejaste,

todo recuerda un sueño sucio

de madrugada.

Aqui

no tuvimos batallas sino espera.

La guerra fue un camión que nos buscaba,

detenido en Ia puerta,

partiendo con sus ojos encendidos

de espia

y al abrigo del mar.

Más tarde

entre canciones tristes de marineros rubios

todo quedó dormido.

De balcón a balcón

oímos Ia posguerra por Ia radio,

y lejos,

bajo Ias cruces frias de Ias plazas,

ancianas sombras negras pascaban

sosteniendo en Ias manos

nuestra supervivencia.

Esta ciudad es intima, hermosamente obscena,

y tus manos son pálidas

latiendo sobre ella

y tu piel amarilia, quemada en el tabaco,

que me recuerda ahora

Ia luz artificial del alumbrado.

Vuelvo hacia ti. Mi corazón de búho

lo reciben sus piernas.

Corno testigos mudos de Ia historia

acaricio Ias cúpulas perdidas,

palacios en ruina,

fuentes viejas

que recogen Ia luna

donde van a esconderse los últimos abrazos.

Verdes en el cansancio

de todas Ias esquinas

esta ciudad me mira con tus ojos de musgo,

me sorprende tranquila

de amor y me provoca.

Amanece

moradamente un día

que tas calles compartem con Ia Iluvia.

La soledad respira más allá de Ias gruas

y mi cuerpo se extiende

por una luz en ceio que adivina

los labios de Ia sierra,

Ia ropa por Ias torres de Granada.

La madrugada deja

rastros de oscuridad entre Ias manos.

Oigo

una voz que clarea. Lentamente

los tejados sonrien cada vez más extensos,

y así,

como una ola,

entre Ia nube abierta de todos los suburbios,

esta ciudad se rompe sobre Ias alamedas,

bajo los picos últimos

donde Ia nieve aguarda

que suba el mar, que nazca Ia marea.