dudosa geografía urbana

Los menores y la ley – Canal Sur Web

Acaban de sorprender robando un coche a El Rafita, el muchacho que siendo un adolescente, casi un niño, asesinó con tres amigos a Sandra Palo. Fue en el año 2003. Condenado a 4 años de internamiento en el Centro de Menores de Carabanchel, cumplió su condena y pasó a un centro de régimen abierto para cumplir otros tres años de libertad vigilada. El Rafita ha roto la vigilancia.

Seguir leyendo en Canal Sur Web – 25 enero 2010

1 Comment

  1. Abelardo Martínez el 26 enero 2010 a las 13:38

    Efectivamente, creo que el endurecer las penas, como simple escarnio no sirve de nada; ni la pena de muerte, que además de hacer salvajes a los ciudadanos que la promueven, nos convertiría en asesinos, que aun es peor.

    Conozco muy bien el mundo de las cárceles, he trabajado con presos, llevándole la poesía y muchas afinidades creo. Ahora sale dentro de un mes «Poemas desde la prisión» que es la culminación de un proyecto solidario y bonito.

    Ahora bién, el que hace un delito lo debe pagar, lo cortés no quita lo valiente. El fin principal de una condena, aunque suene utópico, es el de la reinserción y doy fe, que muchas personas lo consiguen, aunque siga siendo una amplia minoría.

    Dentro de las cárceles, hay de todo, sigo dando fe de ello, incluída gente que no debería de estar allí, pero tambien sirve para apartar de la sociedad, al menos hasta que purgue su pena, quien no es merecedor de estar en ella. Es muy duro, que un chaval, por tener 17 años, se salga casi de rositas aun teniendo un crimen a cuestas; es muy duro para esos padres, el podérselo encontrar en la calle, no arrepentido, si no como en el caso que nos relata Luis, delinquiendo incluso más que antes.

    Pero hay excepciones, ya lo creo; he conocido en estos talleres, a un importante narcotraficante colombiano, que se movía en la vida rodeado de millones, sin importarle la familia, ni sus semejantes. Se apuntó al club de lectura, empezó a leer, a estudiar y valga Dios que lo ha aprovechado. Es una persona nueva, ha recuperado el contacto y el cariño de su familia y según sus propias palabras, la prisión y lo que está aprendiendo le ha cambiado la vida. Nos va a acompañar a algún programa de radio, va a tener horas de libertad para asistir a la presentación del libro, a la feria del libro con otros compañeros suyos. Va a ir suelto, libre, sin grilletes y doy fe, pongo la mano en el fuego que no se va a escapar. Los milagros existen y en las cárceles tambien.