La decadencia de una sociedad se hace evidente cuando el desarrollo lógico de sus razones y sus comportamientos acaba en el sinsentido. Es un sinsentido democrático que la dinámica social de nuestras democracias imponga la privatización de los espacios públicos al mismo tiempo que publica y espía sin respeto aquello que merece ser privado. El desenvolvimiento de la vida democrática se vuelve así contra ella misma, igual que un tumor maligno devora el cuerpo que lo alimenta.

Seguir leyendo en Publico.es – 4 julio 2013