Había un cuartel de la Guardia Civil muy cerca de la casa de mis padres. Formaba parte del paisaje cotidiano de los paseos, las carreras y los juegos de los niños del barrio. La consigna que brillaba en su puerta, “Todo por la patria”, era también una referencia común en la España de Franco. Desde las pantallas del Nodo a los libros escolares, el sacrificio por la patria suponía una costumbre de pensamiento para organizar las definiciones de nuestro pasado, presente y futuro.

Cuando las costumbres de pensamiento no se ajustan a la realidad, las distancias entre las consignas y la vida se convierten en una llamada de atención para la conciencia. Buena parte de mi manera de ser, mi voluntad natural de meditarme y de meditarlo todo, se relaciona con el descubrimiento adolescente de la gran mentira que representaba ese lema de “Todo por la patria” para un Régimen capaz de hundir una nación y empobrecerla en favor de unos intereses privilegiados.

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