Como caminar pensando no es una costumbre frecuente, resulta necesario en muchos momentos de la vida pararse a pensar. La velocidad de nuestro tiempo nos somete a un vendaval de noticias, preguntas, respuestas, decisiones, sorpresas, mensajes, teléfonos, redes, despertadores, fatigas, atardeceres que nos obligan a vivir con la lengua fuera (pero sin establecer verdaderas conversaciones) y a andar de cabeza (pero sin meditar el sentido cotidiano de nuestra existencia).Ocurre lo mismo con las sociedades. Discuten, debaten, arrastran problemas, ilusiones, cambios, pero no se detienen a pensar en los valores fundamentales de sus razones y sus sentimientos. Y no se trata ya de recordar cuáles son esos valores, sino de pensarlos, de saber qué decimos cada vez que pronunciamos alguna de sus palabras fundamentales. Por ejemplo, la palabra libertad.

 

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