La muerte poco a poco recupera su normalidad. La recupera incluso antes que la vida. Escribo este artículo en una sala de espera del aeropuerto de Múnich, rodeado por mujeres y hombres con mascarilla y por pasillos cargados de máquinas desinfectantes. Acabo de leer las noticias que llegan de China, Estados Unidos y Brasil. Me siento orgulloso de Europa y España, comprometido con un modelo de vida que ha intentado no caer en las garras depredadoras de la economía sin escrúpulos, el silencio o la mentira. Lo que queda por luchar no me impide reconocer lo conseguido. Necesito decirle a un amigo que voy a esforzarme en conservar algunas ilusiones.

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