Este artículo no habla sobre la playa, sino sobre las cosas que le debo a la poesía. La verdad es que en verano un lector tiene derecho a pensar que el sentido del ridículo puede relacionarse con los espectáculos corporales que damos en la playa. Acostumbrados a pensarnos como no somos, el estar sin ropa tiene sus peligros porque los desnudos sostienen muy mal las mentiras. Y este año es mucho peor. No deja de tener gracia que la mascarilla nos lleve tapados en medio del destape. Benditos sean los desnudos, las imaginaciones y las playas.

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