Las palabras están pegadas a la piel de la vida, nadie sabe lo que puede caber dentro de ellas. Pienso, por ejemplo, en la palabra virus. En los últimos años la hemos utilizado mucho en relación con las costumbres tecnológicas de nuestra vida cotidiana. El Diccionario de la lengua española lo definió como un programa introducido subrepticiamente en la memoria de una computadora que, al activarse, afecta a su funcionamiento destruyendo total o parcialmente la información almacenada. También nos habituamos a usar el adjetivo viral para referirnos a los mensajes que se difunden de forma muy rápida por las redes. La tecnología le había comido el terreno a la biología.

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