“El acto surrealista más puro consiste en bajar a la calle, revólver en mano, y disparar al azar contra la multitud tantas veces como sea posible”. Así definió André Breton su poética en 1929. Tampoco se mordió la lengua Rafael Alberti al escribir en 1930: “Vuelvo a cagarme por última vez en todos vuestros muertos en este mismo instante en que las armaduras se desploman en la casa del rey”.

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