El fútbol es una inocente pasión infantil que se escapa de su cronología razonable y nos acompaña a lo largo de los años. Confieso que soy muy futbolero, y confieso también que el fútbol, ese regalo de mi padre y de mi infancia, se me está envenenando desde hace un tiempo. Resulta difícil sostener la inocencia de un placer cuando el deseo se llena de turbiedades, injusticias y mecanismos de desigualdad avariciosa.

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